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15/07/09

Nubosidad mudable

Sonido de lluvia antes de caer

Del lago, espejo

Blancas olas de mar parten de la orilla

Remonta el vértigo su cauce de río

Y es nube y es ahogo

13/07/09

Inconsolables para siempre



nada explicará lo inexplicable
siquiera las palabras
encadenadas
o rendidas
a sucesivas páginas
de infinitos libros
que atiborran las bibliotecas del mundo

uno tras otro
el lomo de cada libro
es el espejismo de una esperanza



nada describirá lo indescriptible
- por ajeno -
la ilusoria idea de entender no entendiendo
poéticamente
sin emitir juicios
comprensión y locura en seres intangibles
de hierro dulce
inconsolables para siempre

7/07/09

Aposento de puerta infranqueable, de Aldo Pellegrini

Aposento de puerta infranqueable


Cuando se está dentro de todo
ya no es posible salir
el aire de las profundidades agitado por una nueva velocidad
acerquémonos a la silla vacía
una profunda reverencia frente a la pared desnuda
pellizquemos suavemente
el oxígeno que nos circunda
para sentir violentamente la vida
abramos la boca sin hablar
arrojemos ferozmente
los cuchillos en el centro de las tazas
oh vuelo apacible de las cucharillas
(al compás del zumbido de las respiraciones
el hombre que aparenta vivir es delicioso).


El fragor
de la vitalidad de las cosas que nos encierran
sólo nos deja una salida
a través de la mano se ve el acero
de las esperanzas
despidámonos para siempre
despidámonos para quedarnos
para quedarnos dentro
dentro del naufragio del vino
dentro del naufragio de todo


Aldo Pellegrini
La valija de fuego

30/06/09

La misma historia, el mismo hombre

Continúa entre nosotros ese hombre
que prefería callar
cancelarse a sí mismo
y no romper dientes con dicciones inapropiadas.

Brama la estepa herbosa.
El mar interior.

Rúbrica en el cuerpo de un niñito de seis años
que anda persiguiendo musarañas y preguntas.
¿Quién fue el primer hombre?
¿De dónde? ¿Qué?
Mezcla de vacilación infantil y admiración épica,
Que quizás remite a alguna idea de justicia natural.

...

Nota: escribí este texto pensando en mi padre, mi marido y mi hijo. Pero inevitablemente hoy me recuerda a Pep, que murió el domingo, con 49 años. Era el amigo-hermano con que la vida a veces nos congratula.
Él nos llevó a Hungría, una intensa vivencia que duró seis años. La misma historia, el mismo hombre pertenece a una serie de poemas inspirada en la Puszta y en el Hortobágy, en la huella que el país magiar dejó en nosotros.

Nunca adiós para un amigo hermano. Sólo gracias y hasta luego.

27/06/09

Ser de agua en aquel lugar

Todas las edades en la roca veteada
Leyendas de viento y polvo contadas por campesinos
Al calor del sol, tan lejos

Tierra desnuda y seca con aspecto mojado
Se vaporizan las palabras afiladas
Y se hacen eco en cualquier orilla de ayer

Rubio el río discurre
Bajo nueve arcos de un puente de piedra
Trae nombres de arena en su fluir hacia las dunas

Hay prolongación en la gran llanura
Tierra en pos de más tierra
Infinitos yuyos sin registro y límite

Sandías encarnadas con pepitas negras
Y algún pozo aislado de vez en cuando
Para ser de agua en aquel lugar

22/06/09

Día de Solsticio

Aquel día de solsticio, en la Plaza de la Arena, el sol colgaba del cenit, y el cuerpo de los condenados que iban a morir en la guillotina no proyectaba sombra alguna.
Dominado por la superstición y el pánico, el soberano creyó revivir viejos tiempos de hurtos. Enojado, levantó la vista al cielo e increpó al Sol, diciendo: “Devuélveme mis sombras”.
El astro rey obedeció y de inmediato se eclipsó. La plaza quedó a oscuras, impregnada de una extraña humedad fría, en silencio, y aún sin sombras.
Desconcertado, el soberano elevó nuevamente los ojos al cielo. Menospreciando la peligrosidad del eclipse, miró de lleno el Sol, gritó una disposición, y se cegó. Fue así cómo el soberano recuperó sus sombras para siempre.

17/06/09

Llaneza, de J.L. Borges

Llaneza

Se abre la verja del jardín
con la docilidad de la página
que una frecuente devoción interroga
y adentro las miradas
no precisan fijarse en los objetos
que ya están cabalmente en la memoria.
Conozco las costumbres y las almas
y ese dialecto de alusiones
que toda agrupación humana va urdiendo.
No necesito hablar ni mentir privilegios;
bien me conocen quienes aquí me rodean,
bien saben mis congojas y mi flaqueza.
Eso es alcanzar lo más alto,
lo que tal vez nos dará el Cielo:
no admiraciones ni victorias
sino sencillamente ser admitidos
como parte de una Realidad innegable,
como las piedras y los árboles.

Jorge Luis Borges
Fervor de Buenos Aires (1923)
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La palabra es una luz que pasa
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Juan Antonio Villacañas
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